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Waldo Mendoza en Caracas

En medio de la Feria Internacional del Libro de Venezuela, Waldo Mendoza ha aterrizado con un libro-disco bajo el brazo. Bolívar. Época de amar, que así se titula esta obra ya conocida en Cuba, permite lo mismo leer hermosas cartas de amor intercambiadas por El Libertador y Manuelita Sáenz, entre 1822 y 1830, que escuchar las canciones que el intérprete y su amigo Alex Rodríguez compusieron juntos, inspirados por un idilio tan valiente y hermoso como las gestas de independencia.

Con tal anticipo, era sencillo imaginar que colaboradores cubanos que trabajan en esta capital abarrotaran —600 butacas tiene, 600 butacas llenaron— el céntrico Teatro Principal, cedido a Cuba por hora y media en la tensa programación cultural de la zona, en otro de esos gestos de solidaridad que a veces pasan inadvertidos.

Tras la presentación que Alex Rodríguez hizo del artista y del proyecto, Waldo comenzó a desgranar varios de los diez temas dedicados —y aquí la distinción es inevitable, porque así les llamaron a ambos— al romance de La Libertadora y El Libertador.    

Fue, entonces, un concierto corto y hondo en el cual el artista —que se dijo feliz de compartir con nuestros cooperantes— cantó y contó estas versiones duales, estas lecturas cubanas de un amor que rebasó el lecho en varios puntos sudamericanos para entrar en los libros de Historia: Aliento, Cuando te encontré, Ángel, Dónde fue a parar, Sueño y No burlemos al destino son algunas de las piezas más hermosas de la obra. Cuando se escuchaban, cualquiera que supo sobre estos amantes pudo verlos pasar por la pantalla del principal.

Claro que el popular cantante, motivado por el público y por su evidente satisfacción al hallarse en un escenario diferente y especial, fue más allá y complació con temas muy apreciados por los cubanos, como Chiquitica. Casi al final de la presentación, se atrevió con el llanerísimo Caballo viejo, un clásico venezolano que en Cuba siempre se recordará con el timbre perfecto de Barbarito Diez, pero al que Mendoza supo darle el toque de montuno que encendió —hasta el cierre del encuentro— nuestra volátil chispa del baile.

Se dice fácil: la presentación fue un éxito, pero en la expresión no cabe ningún mérito adivinatorio, porque era apuesta segura. Lo meritorio y profundo del asunto radica en la empecinada concertación entre la Oficina de Atención a Misiones y entidades culturales de la Isla para concretar la presentación aquí de artistas que alienten el internacionalismo de sus compatriotas con solo una canción, una imagen, un toque sensible que les llene —en un escenario muy complejo y, por ello, heroico— esa otra «hambre» que Onelio Jorge Cardoso nos presentó en un cuento mayor, la del espíritu.

En un momento de la presentación, Alex Rodríguez anunció que misivas de parejas paradigmáticas cubanas, como Amalia Simoni e Ignacio Agramonte y Adriana Pérez y Gerardo Hernández, integrarán esta Época de amar. Nuestra Isla es un continente de amor, así que, como nación donde las raíces familiares se afincan en la patria, las cartas y las canciones de ellos y otros muchos podrían engrosar volúmenes infinitos.

Si tuviera algo que demostrar —que evidentemente no es el caso— Waldo Mendoza ha enseñado, con la concepción de este proyecto lleno de lecciones históricas, que la balada no tiene por qué ser esa nube etérea que siempre se fustiga y  que su pertinaz defensa del amor desde el escenario no es un acto carente de honduras conceptuales. Además de poner nuevos ojos a la Época de amar de Manuelita y Simón, este cantante de pueblo vino a cantar a los colaboradores, a compartir con ellos un trozo de su suerte bajo el cielo de Caracas y a llevarse de vuelta, como los grandes, solo las sacudidas de incontables emociones.

 

Fuente: Granma

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